
Noche fría, pies descalzos y miradas profundas sobre el sillón.
Entrelazados entre besos y abrazos de colección; ella lo miraba
mientras hacía la promesa de no ser conquistada, él ganaba todas
las partidas envenenando a esa dama en la cálida madrugada.
Aún recuerdo su perfume. Si, en la piel de ella se mezclaba.
Como el viento y la llovizna que veo pasar sobre mi ventana.
No ha llorado su partida, pero la noto desganada. Sin ganas de
arriesgarse, sin importarle demasiado nada.
Él sigue con su vida tal como si nada, no recuerda ni un poquito,
él no sintió nada.
Y ella, ella es la típica señorita, que por las noches lo recuerda
como si en silencio él se aproximara a abrazarla de por vida,
a regalarle sus miradas. Robarle dos sonrisas sin decirle casi nada.
Si él tan sólo notara, todo lo que a ella le pasa, tal vez entendería
porqué esta historia que no logró enamorarla sigue en su memoria
como una ráfaga de amor, sellada en el silencio de su partida
y en su dulce sabor.









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